La resonancia limitada del arte en El Salvador en el 2005

Casi por casualidad redescubrí este artículo en el que se me entrevista sobre la situación de las artes y la cultura. Una buena instantánea de aquel año.

Ruth Grégori / Rosarlin Hernández
El Faro, 1 de enero de 2006

A pesar de la diversidad de las propuestas artísticas, el principal desafío de los creadores y de los gestores culturales al cierre de este año es trabajar en función de una demanda que no crece al mismo ritmo de la oferta.

Sólo entre septiembre y octubre, una persona interesada en las artes tenía la posibilidad de asistir a dos festivales de teatro, uno de poesía y un encuentro internacional de ballet, además de la exposición de “Salarrué, el último Señor de los Mares” en el Museo de Arte y el doble montaje de “Petición de Mano” como parte de la temporada permanente del Teatro Luis Poma, entre otras actividades culturales.

Pese a que San Salvador este año tuvo una agenda cultural diversa, existe la percepción de que la oferta ha crecido más rápido que la respuesta del público. El director del Museo de Arte y ex presidente de Concultura, Roberto Galicia, señala que no se están haciendo en ningún campo esfuerzos significativos para generar nuevas audiencias: “Eso es dramático porque uno ve en los diferentes eventos, literalmente, a la misma gente”.

Dos de las actividades más relevantes de las artes visuales fueron presentadas en el Museo de Arte, la exposición de “Salarrué, el último Señor de los Mares” que reveló una faceta poco conocida del célebre escritor, y la celebración de la V Bienal de Artes Visuales del Istmo Centroamericano, que por primera se realizó en el país.

El escritor y crítico Jorge Ávalos destaca sobre todo la exposición de las obras de Salarrué: “Hay logros a nivel de la curaduría, de la museografía, de la investigación. Pero el mayor logro es haber realmente restaurado la imagen del escritor como un artista visual importante en El Salvador y en Latinoamérica”.

La V Bienal Centroamericana representó para el Museo de Arte no sólo la posibilidad de ser la sede del único certamen de artes visuales de la región sino también una oportunidad para poner a prueba su capacidad organizativa. “Para nosotros la V Bienal ha sido un relanzamiento del Mueso de Arte”, dice Galicia.

Jorge Ávalos considera que eventos como la Bienal evidencian el anhelo de estar en sintonía con el espíritu global de los tiempos. Sin embargo, señala que con el propósito de competir, en ocasiones los artistas sacrifican parte de la autenticidad de sus propuestas: “Muchas veces, los artistas rompen con su línea de desarrollo para participar con un tipo de obra específica en esa Bienal”.

Agrega que en estas bienales ocurre un proceso doble de mímesis: “Los artistas están creando obras que se asemejen lo más posible a lo que se está dando a nivel global, y donde los jurados también están actuando porque las artes centroamericanas sean parte de este movimiento global en las artes”.

Al parecer, este no fue el año de las artes escénicas. Algunos signos como la escasez de estrenos de obras teatrales, la disparidad entre el desarrollo individual y el colectivo, así como la irregular asistencia del público hacen pensar incluso en la posibilidad de un  retroceso.

Ávalos reconoce que hay actores y bailarines en los que se ha dado un crecimiento individual pero que es difícil que en un montaje coincida un elenco del mismo nivel profesional: “Siempre hay ese tipo de problemas de ajuste entre los elementos que constituyen una producción escénica. A veces sin embargo esos problemas de ajuste no existen. A veces se da una obra que resueltamente se siente profesional, se siente su nivel de calidad; cuando eso sucede, el público aparece, el público llena”.

En el ámbito de la música, los contrastes de propuesta y poder de convocatoria se reflejan en la asistencia a los conciertos presentados por la Orquesta Sinfónica Nacional y la Juvenil. En tanto que la primera incluye normalmente estrenos de compositores nacionales e internacionales y capta poco público, la segunda ha desarrollado una propuesta de conceptos escenográficos versátiles con temas musicales más populares que atrae a cientos de espectadores.

Roberto Galicia señala que la programación de la Orquesta Sinfónica Nacional es extraordinaria pero carece de promoción: “Los conciertos no logran captar la atención del público y es una lástima, el trabajo de Germán Cáceres es valiosísimo”.

Respecto a la producción literaria, dos salvadoreños obtuvieron importantes reconocimientos a nivel internacional: el Premio Adonáis de Poesía (España) que ganó George Alexander Castillo con Breve Historia del Alba y el Premio Centroamericano de Literatura Rogelio Sinán que fue otorgado a Carlos Soriano por su novela Listones de Colores.

La distancia entre el público y el escenario

El divorcio entre el público y las propuestas artísticas tiene a la base factores como un lenguaje especializado, una población que no cuenta con la formación necesaria para apreciar las artes y una ruptura generacional de artistas.

Roberto Galicia opina que “hay que hacer esfuerzos para crear nuevas audiencias. Nos hemos conformado con hablar entre nosotros mismos, y a que ese lenguaje con el que nos entendemos no sea comprensible para los demás”.

Para Jorge Ávalos esta condición de divorcio es natural en el marco de la transición social que ha tenido el país en los últimos años: “Hay muchos artistas jóvenes que todavía están adaptándose a cambios muy drásticos de la realidad salvadoreña, y las artes son influidas por esos cambios. En la época de la guerra realmente se perdió muchísimo. Las redes sociales de los artistas se cercenaron, volver a reconstruir esas redes sociales y tener una comunidad de artistas donde se confíen completamente los unos con los otros, eso no es tan fácil”.

La pirámide de fiesta y el centro del olvido

El rescate del patrimonio histórico enfrenta la disyuntiva del pasado traslapado con el presente. El derrumbe de las paredes de cemento de El Tazumal, instaladas por el equipo de Stanley Boggs, tal y como dictaba la metodología en boga en los años cincuenta, develaron estructuras antiguas que marcaron un hito en el rumbo arqueológico salvadoreño.

El escritor y curador de artes visuales, Ricardo Lindo, califica el derrumbe en Tazumal como la posibilidad de una nueva indagación del pasado indígena: “Sucedió como un desastre en el momentito y después descubrió cosas enormes del pasado que estaban sepultadas por una estructura de cemento que no era realmente correspondiente a lo que significaba ese monumento, fue algo muy grande para la arqueología”.

Paradójicamente, los hallazgos en Tazumal contrastan con el desaparecimiento de lo que una vez fue el centro histórico de San Salvador. “Algo opuesto en sentido de desastre verdadero fue la muerte de la Casa Munguía en el centro, que era una belleza” dice Lindo.

Roberto Galicia, director del Museo de Arte y ex presidente del Consejo Nacional para la Cultura (Concultura), sostiene que una de las pérdidas más grandes a nivel de patrimonio cultural en el país está retratada en el centro histórico de la ciudad.

“En ese desastre participa en proporciones iguales Concultura y la alcaldía de San Salvador. Cada vez se retrocede más, por mucho que se hable el centro histórico se ha convertido en una frase circunstancial y es un campo en el cual literalmente no se ha hecho nada. Hay un retroceso total en el centro histórico como parte de la memoria, de la historia del país, como problema urbano”, indica Galicia.

Para el escritor y critico de arte Jorge Ávalos es una gran tristeza lo que está pasando al patrimonio histórico del centro de San Salvador: “Todas las leyes están acompañadas de dos tipos de acciones: una para castigar lo negativo y una para apoyar lo positivo. La ley de patrimonio no tiene ese aspecto positivo. No hay incentivos para que la gente invierta en comprar esas propiedades, en restaurar, protegerlas, conservarlas. Estamos ante una situación en la que Concultura, por inacción, está coadyuvando a la destrucción del patrimonio histórico del centro de la ciudad”.