El encuentro

Reproducimos este cuento tal y como se publicó en marzo de 2013 en la revista Suelta, que reúne —de manera complementaria, tangencial o en contrapunto— a un escritor con un artista visual.

Jorge Ávalos
Animación de Tony Cruz

Lo conocí en el cuarto de baño de un viejo hotel del centro. Se parecía a mí en lo esencial: era un hombre insignificante que vestía una gabardina gris tan deslucida como la mía. Pero fue un rasgo único lo que dirigió mi atención hacia él: no tenía reflejo.

Yo fumaba un cigarrillo, apoyado en la pared del fondo, cuando él me descubrió en el espejo. Me miró sin perturbarse. Del bolsillo de su gabardina sacó un peine, cerró los ojos y se peinó a tientas.

—No todos tenemos reflejo —dijo, al terminar de peinarse—. Es una forma de ceguera.

Tiré mi cigarrillo al suelo y lo apagué con la suela del zapato.

—No necesita explicarse —dije—. Yo sólo soy reflejo.

Él se volteó, buscándome ahí donde supuso que yo debía estar, en la pared del fondo. Le tomó un instante asimilar la verdad.

—Nadie a mi lado y nadie al suyo —dijo.

Metí mis manos en los bolsillos de mi gabardina y encogí los hombros.

—Acaso estamos hechos el uno para el otro —dije, ubicándome frente a él.

El hombre se metió las manos en los bolsillos y se acercó al espejo. Y entonces, mirándonos a los ojos con una intensidad que nadie más podría entender, sonreímos al mismo tiempo.

 


jorge_avalosJorge Ávalos (San Salvador, El Salvador, 1964) es poeta, dramaturgo y narrador salvadoreño. Por sus cuentos ha sido galardonado con los dos premios centroamericanos de literatura, el Rogelio Sinán de Panamá en 2004, y el Monteforte Toledo de Guatemala en 2012. Entre sus obras se cuentan La ciudad del deseo (cuento, Panamá, 2004), La balada de Jimmy Rosa (teatro, 2009) y El secreto del ángel (cuento, 2013).


tony-cruzTony Cruz Pabón (Vega Alta, Puerto Rico, 1977), desarrolla su trabajo en medios como el dibujo, la animación y la fotografía. Su obra se ha mostrado en la III Trienal Poli/Gráfica de San Juan (2012), “The Peripatetic School: Itinerant Drawing from Latin America”, en el “Drawing Room” en Londres (2011), en la Galería Casas Riegner en Bogotá, Colombia (2010) y en el Centro de Cultural Chacao en Venezuela (2009). Su trabajo, también se ha expuesto en Brasil, Estados Unidos, Costa Rica, Guatemala, Ecuador, Cuba y República Dominicana. Actualmente es codirector y miembro fundador de Beta-Local.


“El Encuentro” se puede descargar en formato PDF:
https://drive.google.com/open?id=0Bx6jTIw92tWRRi1Xczc2VndtVDg

La publicación original en línea de “El Encuentro” se puede encontrar en el siguiente enlace:
http://www.sueltasuelta.es/Tony-Cruz-Jorge-Avalos

201303 Revista Suelta

 

La premonición

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Jorge Ávalos

Un cuento breve

Esta mañana vomité violentamente. Creí que esto lo había provocado la visión inesperada de mi ex novia con su nueva pareja, un tipo con mirada bizca y una sonrisa que dibuja su curva hacia arriba, como en la boca de peces y batracios. O como en un gecko. Como en el rostro estúpido de un gecko. Pero esta tarde, después de vomitar otra vez, comprendí que tenía que haber otra razón para mi mal. Después de lavarme la cara y la boca me serví un vaso de agua. Mientras lo hacía noté una nubosidad en medio de la garrafa. Me acerqué al cristal y descubrí algo que debió sorprenderme, pero, en cambio, me hizo feliz: en el agua flotaba la sonrisa estúpida de un gecko ahogado.

© 2014, Jorge Ávalos

 

El cuento original, “El gecko”, publicado el 11 de marzo de 2012, se puede leer en: Avalorios. La fotografía de “Paletas Gecko”, una tienda real de paletas artesanales en Santa Elena, es de Jorge Ávalos.

Un cuento de Morena Celarié

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Morena Celarié (1930-1972) es conocida como la creadora de la danza folclórica moderna en El Salvador (los suyos no son bailes autóctonos, sino creaciones que ella basó en las danzas de origen afroamericano de México). La Escuela Nacional de Danza lleva su nombre. Pero muy pocos saben que, poco antes de su trágica muerte, ella preparaba un libro de cuentos de inspiración popular. “El sombrero sin dueña” se publicó en La Prensa Gráfica el viernes 9 de enero de 1970. [ Nota de Jorge Ávalos]

EL SOMBRERO SIN DUEÑA

Morena Celarié

Una vez, estando yo sentada en el parque Libertad, vi pasar un sombrero; pequeño, de terciopelo suave y tres plumitas de avestruz a su derecha.

Este tímido sombrero se sentía fuera de ambiente, fuera de época, fuera de todo y, para colmo, estaba sobre la cabeza de una señora que al colocarlo en casa sobre sus escasos cabellos sentía rubor de poseerlo; pues ella, aunque amaba al sombrerito recordó cómo llegó a sus manos… ¡Pobrecito sombrero! Él a su vez se sentía tan ridículo en su posesión.

Cuando al salir a la calle, su ama repartía saludos a izquierda y derecha, él se deslizaba cortésmente por la oreja derecha y preparaba su evasión, pero al instante la brisa picaresca le jugaba una mala pasada y el pobre sombrero quedaba en la frente de su supuesta dueña.

Una noche… la más agitada de su vida, fue cuando lo conocí, en un mitin en el parque Libertad. Precisamente su dueña pronunciaba un discurso libertario… El sombrero tomó muy en serio sus palabras y al compás de su prédica, aprovechando el momento en que agitaba sus manos la oradora, el sombrero se fugó; poco a poco, dulcemente… así lo vi pasar, aristocrático, feliz, solo, volando hacia la libertad. El viento, su cómplice lo llevaba despacio, el huracán con los brazos cruzados observaba burlesco el acontecimiento.

Pero, ¡oh, tragedia! Terminados los aplausos, el vértigo del discurso, hubo un silencio aplastante, un suspenso trágico. La disertante al saludar sintió hueca la cabeza; pensó un segundo porqué sentía esa rara sensación de la nada: le faltaba su sombrero. Los espectadores, apesadumbrados, se miraban, qué insignificante persona tenían ante ellos o qué insignificante momento estaban pasado, que se sentían tan insignificantes.

La reacción de la soberana del sombrero fue inmediata, una desesperada mirada la llevó tras el sombrero y entre vítores lo recobró; pero no así su serenidad. Desde entonces el sombrero y ella ya no tienen quietud; cuando lo ajusta sobre su cabeza, la rebeldía comienza. Pues él, desde que tuvo un instante de libertad, se venga de la que no lo dejó partir.

La brisa coquetona ha vuelto a ser su amiga y jamás el sombrero ha estado quieto en la cabeza atormentada de la que tomó posesión de él sin su permiso.