Doctor en pobreza

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Descubrí este texto en un periódico de San Miguel de 1935. No tengo a la mano los datos más específicos y los olvidé. Estoy seguro que están entre mis notas, pero no recuerdo dónde. Si tengo el texto digitado es porque acompañó un artículo que se publicó en junio de 2006 para anunciar la apertura de una exposición de su obra pictórica en el Museo de Arte de El Salvador. Jorge Ávalos

Salarrué

Soy hombre poco escrupuloso aunque algunos, queriéndome hacer favor, digan de mí que soy buena gente. Hay algo, no soy modesto. Si lo fuese, no estaría aquí gritando… Tengo grandes defectos pero también tengo grandes cualidades, y sobre todo poseo una muy rara virtud: la de la flexibilidad humana que mata la personalidad y presta la indiferencia para con los honores y los galardones.

Los artistas son seres internacionales, pero entre ellos hay algunos tan internacionales que ya ni personalidad tienen. Estos son los poetas, no los que hacen versos sino los que aman intensamente la vida, que son los verdaderos. Entre ellos me cuento, gracias a Dios.

Yo soy un graduado en pobreza. He pasado la prueba y tengo mi doctorado. Pocos, muy pocos estudiamos esta maravillosa ciencia que confiere tanta satisfacción y tanto desembarazo. Es cuestión vocacional, digo yo; la pobreza es una profesión muy delicada. Los hombres han dado en temer a la pobreza, desprecian a quien elige tal derrotero para simplificar su vida espiritual.

La moneda que usamos los profesionales de la pobreza está en lo que somos y hacemos, y no en lo que tenemos. Las clases educadas no quieren comprender que la pobreza es la meta de la educación y que no está por entero civilizado quien no la adquiere como corolario de la cultura. La aristocracia genuina, en nuestros tiempos, no conserva riquezas por muchos días, sino en plan de administración altruista.

Vivimos una época en que la nobleza está diluida entre las castas y en la cual un mentecato tiene permiso de enriquecerse y hacerse una grandeza comprada. Creo firmemente que el sostener con gozo la pobreza es signo de la fuerza y que es débil aquél que la teme y la evade cobardemente. La pobreza aguarda en ella riquezas enormes. La libertad es más factible en la pobreza que en la opulencia. El amor que a ella se acerca es siempre auténtico y uno lo sabe.

De la pobreza huye todo lo falso, lo postizo, lo interesado; es un maravilloso antiséptico que purifica el espacio y el tiempo. A ella se acerca todo lo sano, lo natural, lo fresco y verdadero.

Pero… ser pobre no es cosa fácil. Necesita un buen caudal de paciencia, comprensión e inteligencia, cosas que no están a la venta en los mercados del mundo, que hay que ganar en soledad y meditación.

 

Este texto se publicó originalmente en 1935 y apareció reproducido en El Diario de Hoy, el 26 de junio de 2006: Los misterios de Salarrué, de Jorge Ávalos. La fotografía proviene de una nota biográfica en Wikipedia: Salarrué.