Cuentos de guerra de Jorge Ávalos en la revista Los Heraldos Negros

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Cuentos breves y realistas publicados en México.

La revista bimestral mexicana de creación literaria y análisis político Los Heraldos Negros publica, en su edición de marzo-abril de 2017, un número dedicado a las Dictaduras y Golpes de Estado. En la sección Escribir para Transformar se incluye una secuencia narrativa del escritor salvadoreño Jorge Ávalos bajo el título común: “Signos vitales: cinco cuentos escritos desde un estado de terror político”. Escritos durante la guerra de El Salvador en la década de 1980, los textos, breves pero intensos, tratan sobre la persecusión política, la tortura, la muerte y la situación de los niños en los frentes de guerra. Narrados sin sentimentalismos ni posturas políticas, cada uno de los cuentos es un retrato compasivo de personajes en situaciones extremas.

Puedes leer estos cuentos del escritor salvadoreño galardonado con los premios centroamericanos de literatura Sinán de Panamá 2004 y Monteforte Toledo de Guatemala 2012 en el siguiente enlace:

“Signos vitales: cinco cuentos escritos desde un estado de terror político”

  • Lo indecible
  • Cosas de niños
  • Baratijas
  • Signos vitales
  • Cadalso

Obama bin Nobel

Imagen

Jorge Ávalos

Mucha gente está, como decimos en El Salvador, “clavada” en la idea de que si el presidente de los Estados Unidos, Barack Obama, ganó el premio Nobel de la Paz, no debería hacer la guerra. ¡Qué ironía!, se dicen muchos. Pero no hay ironía alguna. Obama es el comandante de las fuerzas militares de los Estados Unidos de América, y esto significa que él representa el poder de 50 estados (o países o repúblicas) federados.

Si hay alguien en el mundo que tiene el poder para tomar acción militar contra una nación es el presidente de los Estados Unidos. ¿Qué razones podrían ser aceptables para permitirle una intervención militar?

En teoría hay tres razones: 1) genocidio (los holocaustos en Alemania o en Rwanda); 2) el ataque injustificado a otras naciones (la Alemania Nazi e Irak, así es, Irak, porque invadió Kuwait pero no porque supuestamente tenía armas químicas, pues nunca se encontraron); 3) por desarrollar armas de destrucción masiva (Irán y Korea del Norte, que no han sido invadidas porque sería demasiado peligroso hacer eso). Estas razones no las inventé yo, lo hizo la OTAN y también las enumera Christopher Hitchens, válgame Dios.

Si los Estados Unidos tiene el derecho a ser el policía del mundo es otro tema (yo creo que NO, pero allá ustedes). Y si los Estados Unidos tiene o no la legitimidad moral y política para tomar acciones militares “justificadas” contra otros países es también otro tema (piensen en Granada, en Panamá y en los gobierno títeres de América Latina y de Asia, donde la intervención económica/política sólo agravó los problemas sociales).

Pero decir que Obama no puede intervenir en Siria porque sería irónico, dado que ganó el premio Nobel, es como decir que Hitler estaría justificado en realizar el holocausto sólo porque se ganó un cero en conducta cuando estaba en la escuela. No hay correlación real, sólo parece haber una.

El premio Nobel de la Paz fue creado por el hombre que inventó la dinamita. Alfred Nobel desarrolló su poderoso explosivo como una herramienta del progreso que facilitó la construcción de infraestructura -ciudades, carreteras, túneles, centros residenciales- en lugares antes inaccesibles. Pero la dinamita también fue usada, a pesar de sus intenciones, para la guerra. E incluso para el arte, pues la gigantesca obra de Mount Rushmore fue esculpida, primero, con dinamita (¡qué clase de musa habrá inspirado al escultor Gutzon Borglum!).

El premio Nobel no es un arma contra la guerra, no es una prohibición de la “dinamita”, ni una ley de uso global; es sólo un aliciente para la promoción y la conservación de la paz. Más que nada es un símbolo de valor mundial que honra esfuerzos o logros que contribuyen a la paz. Lo han ganado, entre muchos otros, la Cruz Roja y una indígena guatemalteca conocida por su testimonio, el creador de una semilla transgénica que salvó a millones del hambre, y el primer presidente negro de los Estados Unidos, un país que inmoralmente se sirvió de la esclavitud para establecer su poderío económico.

Muchos de los ganadores del premio Nobel de la Paz han sido guerreros, revolucionarios u hombres de Estado que han tenido que tomar decisiones a favor de algún tipo de acción militar.

Según la historia del premio Nobel de la Paz, tanto Alfredo Cristiani como Shafick Handal lo habrían merecido por haber negociado con éxito la paz en El Salvador, de la misma manera en que lo merecieron Yasir Arafat, Isaac Rabin y Shimon Peres por el conflicto entre Palestina e Israel; o Frederik Willem de Klerk y Nelson Mandela por la negociación para finalizar el Apartheid en Sudáfrica.

Si consideramos el tema a fondo, hay razones para buscar un equilibrio militar contra las amenazas que se han creado en esa zona del mundo, y no creo que mi idea de bombardearlos con pétalos de flores sirva para nada.

Una crítica a la decisión de Obama debe comenzar por el análisis de una paradoja más peligrosa que cualquier ironía: el poder del presidente de los Estados Unidos depende de la impresión que el mundo tiene de su poder, pues mientras más rápidas y decisivas sean sus acciones, más poderoso parecerá ser y, por lo tanto, más respeto tendrá el mundo ante esta figura a la que no habría que provocar porque si se enoja: ¡BUM! Es decir, Obama cree que debe atacar a Siria para garantizar su posición como guardián de la paz en el mundo.

Así que no critiquen al presidente de los Estados Unidos solamente porque cree que debe tomar acción militar contra Siria cuando también ostenta un premio Nobel de la Paz.

Critiquen a Barack Obama porque su único plan es un acto esporádico: enviar bombarderos a Siria y castigar a esa nación sólo para dejarla reducida a escombros sin tener ningún otro plan, porque una intervención real y concertada con las acciones diplomáticas de otras naciones sería demasiado lenta y, por lo tanto, demasiado costosa para su prestigio político.

Critiquen a Obama por su argumento de sexto grado de primaria de que hay que mostrarse “fuerte” ante un bully.

Critiquen a Obama porque de entre todas las estrategias posibles él eligió un método mezquino, el mismo que usó contra la amenaza de las pandillas el expresidente Antonio Saca de El Salvador, entonces el país más violento del mundo: la “mano súper súper dura…”

Nosotros, los salvadoreños, sabemos muy bien que esa “mano” sólo sirvió para acariciarle las orejas al tigre.

La fotografía la tomé, maliciosa y deliberadamente, de aquí:
Weasel Zippers.