Jorge Ávalos: “Un taller sí puede abrir una puerta a nuestro potencial creativo”

El escritor salvadoreño Jorge Ávalos discute el valor y la función limitada pero constructiva de los talleres literarios. Esta entrevista de fondo fue realizada por la periodista Gabriela Mendoza para sustentar el artículo “Talleres de escritura: técnicas, intercambio y creación”, publicado en El Diario de Hoy el miércoles 27 de enero de 2010.

Gabriela Mendoza

Usted dijo que el tipo de taller que impartía era diferente a los demás, ¿qué tiene de diferente?

Nadie puede aprender a ser escritor por medio de un taller. Sin embargo, un taller sí puede abrir una puerta a nuestro potencial creativo, al potencial que ya está en nosotros, y puede mostrar opciones para canalizar el talento o la necesidad apremiante para la expresión personal. Los contenidos, la metodología y el diseño de mis talleres obedecen a esta convicción.

¿Qué temáticas incluye en los talleres que brinda?

Cada sesión de un taller debe estar estructurada alrededor de un objetivo de enseñanza. Los contenidos corresponden a estos objetivos. Yo me concentro en tres metas claramente definidas: la primera es desarrollar las habilidades de percepción de los estudiantes; la segunda es trabajar la memoria como fuente inagotable de inspiración; y la tercera es ejercitar la voluntad y el hábito de trabajo, que requiere dedicación y pasión constante.

¿Incluye alguna metodología para sus alumnos?

Sí. Mis estudiantes dedican un tercio del tiempo haciendo actividades prácticas para ejercitar la percepción sensorial; otro tercio, en ejercicios de memoria y de imaginación; y otro tercio en ejercicios de escritura.

Por lo general, ¿cuánto tiempo duran los talleres?

Yo prefiero una estructura de una sesión a la semana durante dos meses. Un taller debe ofrecer espacio para que el escritor trabaje por su cuenta y también debe tener un límite para que el escritor se gradúe de esa etapa y ponga a prueba lo que ha aprendido.

¿Qué se espera de los alumnos, que escriban algo grande, que publiquen?

No. Un taller es un período de proceso que permite la experimentación y la libertad. No es necesario que un participante escriba algo “grande”. Lo más importante que un taller le ofrece al participante es la oportunidad para asumir la voluntad de crear por medio de la palabra. Para llegar a eso, el instructor tendrá que brindar nuevas herramientas y el participante deberá descubrir y utilizar sus propias habilidades y talento. Aun así, no niego el poder de la publicación. Los resultados de mi último taller de narrativa, organizado por el Foro de Escritores, fueron publicados, y tanto los participantes como yo nos sentimos muy orgullosos de los logros, tan evidentes.

¿Es importante que se impartan talleres de literatura en el país?

Sí, en la medida en que estén bien diseñados y con el interés del participante en mente.

¿Se considera detractor o partidario de los talleres?

Soy partidario de motivar la imaginación y la creación por cualquier medio, pero me opongo a las siguientes deformaciones de un taller, y las cuales he visto en El Salvador: primero, un taller no debe ser permanente, porque esto crea un sentido de dependencia en el taller por parte del participante; segundo, un taller no debe convertirse en una capilla para el escritor que lo imparte, porque esto atrofia el talento individual del participante o la percepción que tiene de la literatura; por último, un taller debe ser un espacio de confianza en el que no se viole la distancia saludable que debe existir entre la persona que imparte el taller y la persona que lo recibe. Este último punto es un imperativo ético que está a la raíz de cómo funciona un taller: los participantes son vulnerables porque comparten sus historias personales, nos abren sus corazones y exponen sus emociones. Por lo tanto, violar ese vínculo de mutua confianza es siempre un abuso de poder.

¿Recomendaría a los jóvenes que quieren empezar una “carrera” como escritores que se acerquen a los talleres literarios para formarse como tales?

Algunos de los participantes en mis talleres, que sentían que no podían escribir, son ahora escritores de oficio, algunos de ellos periodistas. Esto sucedió porque encontraron la confianza en sí mismos para confirmar una vocación que ya estaba latente. Así que sí es posible usar un taller para explorar la posibilidad de una carrera como escritor, como comunicador o como periodista.

¿Cuál es el papel del director del taller y cuál el del alumno?

Un taller es un proceso participativo. El instructor del taller es ante todo un moderador que dirige al alumno a través de un proceso de auto aprendizaje. Mi filosofía es que el escritor se hace a sí mismo. No puede ser de otra manera porque escribir es una tarea muy solitaria y necesitamos aprender a gozar de esa soledad creativa.

Puede mencionar algunas experiencias enriquecedoras cuando ha impartido los talleres, algún caso en especial.

Yo tengo un ejercicio que llamo “del ángel”, que funciona como una frontera, puesto que siempre logra que el participante escriba algo profundo acerca de sí mismo: a menudo se convierte en la primera vez en que el participante escucha su propia voz. Casi siempre, más de alguno se pone a llorar al leer los resultados de ese ejercicio. Ese momento siempre es emocionante y enriquecedor para todos.

¿Algún resultado de sus talleres lo ha sorprendido?

Sí. Hay gente que desborda talento y uno no puede más que maravillarse. También he descubierto que hay escritores ya publicados, suelen ser hombres, que sufren una crisis del ego cuando nadie los elogia en los talleres. Es un fenómeno muy extraño que desaparece cuando aprenden a superar estímulos externos y se enfocan en sus propias fuerzas internas.

¿Qué debería esperar un alumno al terminar su taller de escritura?

Encontrar su propia voz.

 


Esta entrevista es citada en un artículo de Gabriela Mendoza, Talleres de escritura: técnicas, intercambio y creación, publicada en El Diario de Hoy el 27 de enero de 2010.

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Talleres de escritura: técnicas, intercambio y creación

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Los facilitadores de estos seminarios aseguran que los imparten para brindar herramientas y no para “hacer” escritores.

Gabriela Mendoza

“Nadie puede aprender a ser escritor por medio de un taller. Sin embargo, un taller sí puede abrir una puerta a nuestro potencial creativo, al potencial que ya está en nosotros, y puede mostrar opciones para canalizar el talento o la necesidad apremiante para la expresión personal.”

Jorge Ávalos

Cuando un aspirante a escritor siente la necesidad de asistir a un curso de instrucción literaria lo primero que buscará es un taller de escritura que podrá encontrar en universidades, casas de la cultura o centros culturales, pero ¿son útiles estos talleres? ¿podrán guiarlo para que pueda estructurar una narración, un poema?

Según el escritor Jorge Ávalos, quien ha sido facilitador en estos seminarios, nadie puede aprender el oficio de escritor por medio de un taller, lo que estos sí hacen es “abrir las puertas a nuestro potencial creativo y demostrar opciones para canalizar el talento o la necesidad para la expresión personal”.

De la misma opinión es el poeta Roberto Laínez, quien en febrero comenzará dos talleres de escritura en el Palacio Tecleño de la Cultura y las Artes. Según él, los talleres no forman escritores, simplemente dan las herramientas que incluyen técnicas como la construcción de personajes, manejos de tiempo y espacio, entre otros elementos.

“El taller sólo sirve como facilitador de algunas técnicas o para intercambio de impresiones”

Jacinta Escudos

Conocimiento

Los escritores, entrevistados vía correo electrónico, coinciden en definir a un taller de escritura como un intercambio de experiencias que permite “conocer la vida a través de la palabra”, tal como afirmó Alondra Umanzor, una poeta que comenzó a asistir a estas reuniones a sus 16 años y ahora, a sus 24, coordina talleres financiados por Oxfam América en el marco de la prevención de la violencia los fines de semana.

“El año pasado estuvimos en Ahuachapán, Santa Tecla y San Marcos impartiendo clases para jóvenes”, mencionó Umanzor.

Por otra parte, Claudia Blanco, estudiante de psicología, es parte de los talleres literarios de la Universidad Tecnológica impartidos por la escritora Silvia Elena Regalado. La experiencia, asegura, ha sido enriquecedora y estimulante; además, le permite compartir sus escritos con los demás.

Para el escritor Manlio Argueta, la importancia de que se impartan estos talleres en el país es vital. Además, propone que dentro del sistema educativo se descubran talentos para becarlos en escuelas o talleres de escritura.

“El que va a ser escritor lo lleva dentro, eso no se fabrica en un seminario de escritura”

Ricardo Lindo

 


Mendoza, Gabriela. “Talleres de escritura: técnicas, intercambio y creación”, El Diario de Hoy, San Salvador, miércoles 27 de enero de 2010.

La entrevista completa a Jorge Ávalos, realizada por Gabriela Mendoza para este artículo, está aquí: Un taller sí puede abrir una puerta a nuestro potencial creativo.