
La primera vez que tomé fotografías en Santa María de Jesús, Guatemala, una vendedora del mercado sacó unos binoculares que tenía debajo de su manta, me vio con ellos en desafío y me insultó en Kaqchikel. Yo puse cara de enojo y establecimos un duelo, mirándome ella con sus binoculares y yo, con mi cámara, acercándome hasta que llegué a un metro de distancia de ella. Las vendedoras del mercado (todas eran mujeres) estallaron en carcajadas. Dos días después, nos encontramos en la calle. Ellas salían de la iglesia y me pidieron un retrato porque estaban ataviadas con sus mejores trajes y se veían «bonitas». Mientras encuadraba y enfocaba la cámara, un niño sacó su cabeza de entre las mantas y me miró.
© Jorge Ávalos