Testigos

Uno de mis primeros trabajos como periodista, en 1992, me llevó a la frontera de México y Texas, desde donde conté la experiencia de los inmigrantes salvadoreños que viajaban por vías ilegales a los Estados Unidos. Allí, entre Matamoros y Brownsville vi a niños, solitarios, cruzar el Río Grande rumbo al norte.

Jorge Ávalos 

Ese niño que se persigna
antes de saltar a las frías y turbulentas aguas
del Río Grande, ese niño nos defiende. Ampara
nuestras conciencias de una muerte prematura:
de la indiferencia ante la vida. Míralo saltar
al agua y nadar contra la corriente hasta la otra orilla.
Ese niño se levanta temblando de frío
y torna sus ojos para mirarte, una vez más,
antes de seguir su larga y peligrosa jornada.
A ese niño que corre, perseguido,
no lo olvides, poeta.

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