Sílfide

Esta es Martha Castellón, bañada en luz, en el Teatro Presidente de San Salvador el 17 de mayo de 2003. En un artículo que escribí ese mismo día me referí a su «grácil presencia». Ella me parece preciosa y hasta le rogué que posara para una serie de fotografías y rechazó todas mis ofertas sugiriéndome contactos con otras bailarinas. Nunca comprendió que lo que yo buscaba era capturar esa «grácil presencia».

© Jorge Ávalos

Sílfide

Un mapa de tu tierra

Jorge Ávalos

 

Tu tierra abusa de tu amor por ella.
Castígala. Demuéstrale quién eres.
Toma su pequeña imagen, la imagen
de su pequeño cuerpo accidentado

y arrúgala en tu puño, estrújala
entre tus dedos. Luego, despliégala
sobre una almohada y dile: “has
sido infiel, has sido mala conmigo”.

Insértale alfileres en esos lugares
donde te hizo sufrir en demasía.
Escupe sobre su imagen, rompe

su frágil geografía. Dale fuego
y déjala arder, déjala ser cenizas.
Por una vez has sido su tirano.

 

Había olvidado este poema, que escribí y publiqué hace más de 20 años. Realmente había estado trabajando un mapa de El Salvador que incluía una geografìa de su historia, y de pronto caí en la cuenta que parecía un mapa de historias de horror, un mapa de la infamia. Pero el poema no sólo trata sobre eso, sino que retoma un comentario que me hizo mi novia de entonces, cuando tomé un boceto de ese mapa y después de observarlo un rato, lo rompí, lo estrujé en mi mano y lo boté a la basura. Recuerdo ese momento con fría claridad, como si me viera a mí mismo, porque mi novia me hizo tomar conciencia de lo que había hecho cuando dijo: «¿Saldando cuentas con tu país?». ¡Las musas!

Una consulta poética

Hubo un tiempo en el que los escritores realmente hablábamos de creación poética en las redes sociales. Este breve intercambio data del 14 de junio de 2007. No estoy del todo seguro, pero creo que «Llave maestra» es Nora Méndez y «Beka» es Rebecca Martell. «Solavá» soy yo (es mi apellido, al revés).

Solavá:  ¿Cuál es la palabra intermedia entre querer y amar? Lo único que sé es que tiene que ser un verbo («Te quiero…», «Te amo…»).

Llave maestra:  Miedo.

Solavá:  Genial. Creí que tenía que ser un verbo, como «querer» o «amar»… y quizás se podría usar «temer», pero «miedo», así, desnudo, podría ser la solución. Entre querer y amar… el miedo.

Llave maestra: Y es el miedo a transgredir la primavera, la palabra plácida y cordial, porque amar es un algo visceral, inclusive peligroso.

Beka: ¿Y para qué se tiene que hacer diferencias? Lo mismo es querer y amar, lo mismo es desear y sentir, lo mismo es volar y descansar… ¡Cuando quieres amas y cuando amas quieres, sólo que a veces, los humanos queremos hacer diferencias y decir que querer es menos que amar! ¡Cuan equivocados están! Si decís querer a alguien, asustate. Ya lo estás amando.