Una invitación a la poesía

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Jorge Ávalos

Un bosque de signos, el poema. Del follaje de letras, ágil, salta un venado. Tras él, fieros cazadores: críticos impotentes, inspectores políticos, poetas malversadores. El relámpago negro de mi pluma los reduce al ripio de sus lenguas (debo advertir que mi licencia poética está vigente.)

A pesar del historicismo y su jauría, un poema se sitúa fuera de toda progresión histórica. El poeta sabe que un momento en la historia puede iluminar todo el curso de la historia. El poeta sabe que una imagen arrancada del presente y cristalizada en el poema puede contener las claves de nuestra era.

La imaginación histórica del poeta trabaja contra el tiempo y contra los brutales atropellos del progreso para rescatar imágenes como se rescatan especies en peligro de extinción. Por ello el poema es un santuario, un refugio para la ecología amenazada de nuestras conciencias.

Aún en este paraje, elemental y prosaico, la imagen de un venado establece su hogar como entre las líneas de un poema. La ambigua riqueza de su mirada y su corazón palpitante se ocultan en la espesura de los signos.

Nada sabemos ante el poema, como nada se sabe al mirar los ojos de un venado. Ya José Lezama Lima nos había demostrado que siempre es así: «Hasta donde he podido caminar en la poesía, he comprendido. Después ha vuelto de nuevo la oscuridad, la que produce una visita, la que me deja una imagen».

Aprovecho, entonces, la oportunidad para extender una invitación. El lector es bienvenido a caminar «en el poema». Leyes de conservación nos obligan a imponer un sólo límite a la apreciación de su realidad textual: no atentar contra la belleza pacífica de su flora, la libertad de su fauna o la redención última de su imagen.

Epitafio para un tirano

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W.H. Auden

Él buscaba un tipo ejemplar de perfección,
y la poesía que ideó fue muy fácil de entender;
conocía la estupidez humana como la palma de su mano,
y tenía un profundo interés en ejércitos y flotas;
cuando reía, políticos respetables estallaban de risa,
y cuando lloraba pequeños niños morían en las calles.

Enero 1939

Traducción de Jorge Ávalos

Un mapa de tu tierra

Jorge Ávalos

 

Tu tierra abusa de tu amor por ella.
Castígala. Demuéstrale quién eres.
Toma su pequeña imagen, la imagen
de su pequeño cuerpo accidentado

y arrúgala en tu puño, estrújala
entre tus dedos. Luego, despliégala
sobre una almohada y dile: “has
sido infiel, has sido mala conmigo”.

Insértale alfileres en esos lugares
donde te hizo sufrir en demasía.
Escupe sobre su imagen, rompe

su frágil geografía. Dale fuego
y déjala arder, déjala ser cenizas.
Por una vez has sido su tirano.

 

Había olvidado este poema, que escribí y publiqué hace más de 20 años. Realmente había estado trabajando un mapa de El Salvador que incluía una geografìa de su historia, y de pronto caí en la cuenta que parecía un mapa de historias de horror, un mapa de la infamia. Pero el poema no sólo trata sobre eso, sino que retoma un comentario que me hizo mi novia de entonces, cuando tomé un boceto de ese mapa y después de observarlo un rato, lo rompí, lo estrujé en mi mano y lo boté a la basura. Recuerdo ese momento con fría claridad, como si me viera a mí mismo, porque mi novia me hizo tomar conciencia de lo que había hecho cuando dijo: «¿Saldando cuentas con tu país?». ¡Las musas!

Una consulta poética

Hubo un tiempo en el que los escritores realmente hablábamos de creación poética en las redes sociales. Este breve intercambio data del 14 de junio de 2007. No estoy del todo seguro, pero creo que «Llave maestra» es Nora Méndez y «Beka» es Rebecca Martell. «Solavá» soy yo (es mi apellido, al revés).

Solavá:  ¿Cuál es la palabra intermedia entre querer y amar? Lo único que sé es que tiene que ser un verbo («Te quiero…», «Te amo…»).

Llave maestra:  Miedo.

Solavá:  Genial. Creí que tenía que ser un verbo, como «querer» o «amar»… y quizás se podría usar «temer», pero «miedo», así, desnudo, podría ser la solución. Entre querer y amar… el miedo.

Llave maestra: Y es el miedo a transgredir la primavera, la palabra plácida y cordial, porque amar es un algo visceral, inclusive peligroso.

Beka: ¿Y para qué se tiene que hacer diferencias? Lo mismo es querer y amar, lo mismo es desear y sentir, lo mismo es volar y descansar… ¡Cuando quieres amas y cuando amas quieres, sólo que a veces, los humanos queremos hacer diferencias y decir que querer es menos que amar! ¡Cuan equivocados están! Si decís querer a alguien, asustate. Ya lo estás amando.