Una historia de supervivencia, hoy, en Teatro Memorias

Una inquietante obra salvadoreña de incesto y supervivencia inaugura la Primera Muestra Centroamericana de Teatro en Tegucigalpa, Honduras.

Claudia Nieto Anderson | Presencia Universitaria
Octubre 3 del 2014

Hace seis años, Naara y Roberto Salomón montaron el monólogo Ángel de la Guarda, de Jorge Ávalos, para presentarlo en el Teatro Luis Poma en San Salvador, El Salvador. Esta semana la Casa del Teatro Memorias de Tegucigalpa inauguró su Muestra Centroamericana con la participación de estos tres salvadoreños, y han abierto una franca y cálida invitación para que el público capitalino los visite. Hoy sábado es la última presentación de la obra, la cita es a las 7 de la noche.

Al final de la presentación, Naara y Roberto conversan con el público en un breve foro. Para la actriz es una oportunidad de recordar que es un privilegio “ser la voz de los que no hablan”.

Es con esta obra, en una presentación adaptada para esta jornada de tres días, que los salvadoreños acercan al público hondureño una propuesta teatral de una historia vigente.

Sencillez para un tema complejo

El personaje principal es Angélica, una mujer de 54 años, y a su ángel de la guarda, una dualidad necesaria para sobrellevar el peso de la historia. Así se cuenta en retrospectiva la vida de esta mujer cuando tenía 14, el tiempo en el que “eres una niña, pero no cabes en esa palabra”.

El escenario se presenta como el cuarto de la protagonista, en el que la casa de juegos y sus tres habitantes —padre, madre e hija— auxilian el desarrollo de este drama que, entre muñecas, es apenas perceptible pero constante.

De esta manera, Angélica y su ángel cuentan el secreto de una joven que se descubre mujer por su propio padre —“eres tan bella”— y las confusiones que a ésta le generan en medio del incierto crecimiento de la adolescencia —“tu cuerpo, tan indigno y tan infiel”—.

Naara, una actriz de origen suizo, hace un manejo muy destacable del espacio y los elementos que la acompañan: la fotografía de playa, la estrella de luz, el traje del ángel, los muñecos-personajes, la sábana blanca. En realidad, el juego de la casa de muñecas se vuelve inquietante.

Es, por tanto, una obra que vale la pena ver para confrontarse con una realidad aún más grande que la del incesto: ¿quién es fuerte y quién es débil, y por qué éste último es el que siempre sufre más?

 


Nieto Anderson, Claudia. “Una historia de supervivencia, hoy, en Teatro Memorias”Presencia Universitaria, viernes 3 de octubre, 2014.

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