Los santos desconocidos

Fotografías | Jorge Ávalos

 

La Iglesia, Convento y Colegio de la Compañía de Jesús

Fue creado a través de Real Cédula el 9 de agosto de 1561. Esta manzana jesuítica, donada en parte por el cronista Bernal Díaz del Castillo, comprendía tres claustros y un templo, y llegaron a vivir hasta doce jesuitas. Funcionó como Colegio de San Lucas de la Compañía de Jesús desde 1608 hasta la expulsión de la orden en 1767.

Centro de enseñanza de primeras letras y gramática, allí se educaron grandes figuras de la vida intelectual de Guatemala en el período colonial, tales como Francisco Antonio Fuentes y Guzmán, el cronista Francisco Vázquez, Pedro de Betancourt y Rafael Landívar.

Años después, en 1773, la iglesia y parte de la Casa de Estudios fueron destruidos durante los terremotos de Santa Marta.

Desde 1865 se instaló entre sus muros una fábrica de tejidos. En 1912, con fines comerciales, el edificio pasó a convertirse en mercado cantonal hasta el terremoto de 1976. En 1979 fue incluido dentro de la inscripción de Antigua Guatemala como Patrimonio de la Humanidad. Posteriormente albergó un mercado de artesanías, hasta que en 1992, la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo adquiere el compromiso de restaurar las instalaciones a cambio de tomar el antiguo Colegio para un Centro de Formación Internacional, con el visto bueno del Consejo Nacional para la Protección de La Antigua Guatemala.


 

© Jorge Ávalos, 2015, por todas las fotografías.
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La Atlántida

Asya Arteyeva GreeceJorge Ávalos

Leo a Platón y descubro uno de los grandes paraísos perdidos: La Atlántida, esa isla dentro del cuerpo de agua de una isla, tierra antigua y mágica donde los seres humanos aún eran cercanos a los dioses y, por ello, más perfectos. Esa isla que ahora creemos que es una leyenda, es presentada por Platón como la historia de una civilización antigua, que existió hace 12 mil años y desapareció como lo hace un cuerpo enfermo, desgastándose y consumiéndose hasta hundirse en las aguas. Pero el filósofo griego sugiere que la pérdida del paraíso es ante todo una cuestión humana: ocurre por la disolución, a través de las generaciones, de la esencia del dios de nuestro origen, por la extinción de lo divino en nosotros los mortales.

Un escrito inacabado, Critias o de La Atlántida vale una aproximación sólo por la bella descripción que hace de un mundo ya desaparecido que combina —según nuestros menos imaginativos referentes bíblicos—, la belleza de un paraíso terrenal que todavía existía bajo la cercana tutela de un dios, y del reino, no menos rico y no menos bendecido por la sabiduría, de Salomón. En sus páginas, encuentro las típicas gemas platónicas:

No se castigaría con justicia al que se engaña si no se le ilustra.

O esta otra:

La ciencia, el talismán por excelencia.

En otro momento nos habla de cómo los dioses se repartieron las comarcas de la tierra, y de cómo gobernaron a los mortales sin violencia:

Los dioses sabían que el hombre es un animal dócil e imitando al piloto que conduce la embarcación, sirviéndose de la persuasión como de un timón para mover el alma a su antojo, dirigieron y gobernaron así la raza entera de los mortales.

Pero son dos los pasajes que me llaman la atención por sobre todo lo demás, porque tratan nociones que yo creía modernas. El primero es sobre el ocio como origen de las ciencias y las artes. Platón expone esta idea con sencillez y sin dejar lugar a equívocos:

El estudio y las narraciones de las cosas antiguas se introducen con el ocio en las ciudades cuando cierto número de ciudadanos que tienen a la mano cuanto necesitan para la vida, no tienen ya por qué preocuparse de ello.

El otro pasaje apunta a la idea de que la desigualdad entre el hombre y la mujer son producto de una construcción social. Ahora bien, esto no es lo que dice Platón, pero lo que sí dice es que en la antigüedad, en aquel mundo primigenio de La Atlántida, cuando los mortales estaban más cerca de la divinidad y de la naturaleza, las mujeres y los hombres eran iguales, y como evidencia de lo que dice apunta hacia las representaciones humanas que les legaron los artistas del pasado:

Los trabajos de la guerra eran entonces comunes a las mujeres y a los hombres, y consecuencia de esto es que los artistas de aquellos tiempos representaban a la diosa en sus imágenes y estatuas vistiendo la armadura: era como una advertencia de que desde que el macho y la hembra están destinados a vivir juntos, ha querido la naturaleza que pudiesen ejercer por igual las facultades que son el atributo de su especie.

La implicación de esto, a mi manera de ver, es que si por naturaleza el hombre y la mujer son iguales, entonces, la desigualdad de los géneros es una consecuencia de la construcción social de las jerarquías humanas.

En ningún momento sostiene Platón que La Atlántida es una tierra fantástica, un mundo legendario. Para él, el origen divino y mortal de la raza humana es un hecho histórico del que perdimos memoria porque ocurrió antes de la era del ocio.

fotografía: Retroatelier

Medio siglo

Jorge Ávalos

Te encuentras con una amiga que no habías visto en algún tiempo. Se conocen desde siempre, aunque no siempre fueron amigos. La recuerdas desde los cuatro años. Fueron vecinos: ella vivía a tres casas de la tuya; después, en la adolescencia, fue compañera de tus hermanas en la escuela. Más tarde supiste de ella por las violentas anécdotas de la guerra, y te mantuviste informado de sus avatares en el exilio y de sus andanzas creativas después de su regreso al país.

Sabes de ella tanto como se puede saber de una persona. Así que la has visto crecer y transformarse con los años. Ahora, ella tiene esas arrugas en su cara, y su cuerpo ya no es tan delgado ni sus carnes son tan firmes, pero no hay un juicio sobre su apariencia cuando la ves, porque de tanta familiaridad esa mirada inquisitiva, esos labios delgados, esas manos expresivas e inquietas dejan de ser lo aparente. Cuando la ves, ella se manifiesta en toda su profundidad y plenitud humanas.

Al encontrarse, se abrazan con fuerza. Conversan. Hay mucho qué contar. Alternan —ella y tú— breves monólogos sobre los  “capítulos perdidos” de sus vidas. No hay nada que ocultar. La confianza es tan grande que pueden hablar incluso de los secretos más íntimos, de los deseos más recónditos y de los miedos más aterradores. Reconoces esta vez que entre ella y tú hay ahora una complicidad que es casi tan perfecta como la del amor, porque sus raíces también están en el tiempo: han perdurado, pese a todo.

Después de horas de conversación, se separan porque las obligaciones de cada uno se los exige. Y cuando la ves caminar feliz, quizás porque estuvo contigo, te preguntas por qué: ¿Por qué nunca cruzaron la frontera de la amistad? ¿Por qué nunca han hecho el amor si —ahora lo ves— se han amado desde siempre?

Urdimbre de tinieblas

TRADUCIR A WALCOTT

Jorge Ávalos

Hace 30 años traduje por primera vez un largo poema de Derek Walcott, “The Schooner Flight”. Envié la traducción a mis amigos en El Salvador. Ricardo Lindo consideró que era un poema muy bello e intentó publicarlo. Nadie le dio el espacio, ni siquiera en las revistas literarias universitarias porque ningún editor estaba interesado en promover poetas desconocidos. Cuando en 1992 Walcott ganó el Premio Nobel de Literatura, Lindo todavía guardaba aquella traducción del poema que yo titulé “La goleta Fuga” y de inmediato publicó varios fragmentos en el tercer número de la revista Ars, que él había comenzado a dirigir en ese entonces. Fue una de las dos revistas literarias de América Latina que pudieron hacerlo, puesto que Walcott aún era bastante desconocido en la región.

Derek WalcottDerek Walcott nació en Santa Lucía en 1930, una isla en el mar Caribe que no adquirió su soberanía sino hasta 1979. Publicó su primer libro de poesía, 25 poemas, en 1948, y su obra maestra, el poema épico Omeros, en 1990. Dos años después de ese hito en su carrera, Walcott ganó el Premio Nobel de Literatura por “una obra poética de gran esplendor, sostenida por una visión histórica, resultado de un compromiso multicultural”. Ha publicado 24 libros de poesía y 26 obras de teatro, además de varias colecciones de ensayos.

Traducir a Walcott es difícil. Siempre es difícil traducir a poetas que poseen un gran sentido de la música verbal. Pero es aún más difícil con Walcott porque él no toca un instrumento sino una orquesta lingüística. En sus poemas el ritmo es sólo uno de sus recursos. La pintura del paisaje, el símbolo, el espacio alegórico, la imaginación histórica, el personaje heroico, el colorido verbal, el tono de la voz, y muchos otros recursos los usa renovando al mismo tiempo el lenguaje inglés, como un siglo antes el nicaragüense Rubén Darío lo hizo con el español. Cuando sus versos adoptan el ritmo del oleaje marino del caribe, toda traducción que respete sus interminables oraciones en inglés, acabarán por traicionar al poeta, porque si bien escribe con frases de largo aliento, Walcott lo hace en una de las lenguas más compactas del mundo. El español no posee tantos sustantivos de una sílaba. Para traducir a Walcott se necesita un proceso de alquimia verbal. Hay que respetar su propósito, sus imágenes y la totalidad de su visión ante todo, para ser fiel a su poética.

Aquí, en esta traducción del poema “The Season of Phantasmal Peace”, cometo algunos leves pecados de traductor: cambio una palabra del plural al singular (haz en lugar de haces, lo cual es, a su vez, una interpretación de la frase “silvery ropes”); introduzco un adjetivo que no está en el original (tímida); rompo el ritmo del primer verso para introducir un sistema que me permite entrecortar las frases de tal manera que simulen los efectos corales que Walcott crea en el original (en inglés es posible hacerlo con los acentos de las palabras monosilábicas anglosajonas contrastadas a las palabras más largas de origen latino). Creo que este tipo de cambios sólo se introducen en una traducción con el objeto de mantenerse fiel al original. En este caso, me atrevo a sostener, mi traducción produce, al leerla, un “efecto único”, como llamó Poe al poder de la suma de todas las partes de un poema, muy parecido a la experiencia de leer “The Season of Phantasmal Peace” en inglés.

Comencé a traducir este poema hace diez años, y me frustró no poder replicar su método lírico con tanta economía como él lo hace en el original. Pero ahora que retorna el sentido del terror de las desapariciones en México y en El Salvador, pensé que debía terminar la traducción de aquel poema que osa soñar la esperanza ante “la gran urdimbre de tinieblas de nuestro mundo”.

 

LA TEMPORADA DE PAZ FANTASMAL

Derek Walcott

Sucedió. Pueblos de pájaros alzaron, todos, juntos,
la gran urdimbre de tinieblas de nuestro mundo,
en profusos dialectos, con el terco piar de las lenguas,
en punto y cruz, tejida al vuelo. Encumbraron, así,
las sombras de los altos pinos desbocándose al abismo,
de las torres de cristal despedazando el paso de la noche,
y la silueta de una tímida flor en el alféizar de la ciudad.
El silente vuelo de esa red nocturna, la muda algarabía
de los pájaros, continuó hasta que cesó el crepúsculo,
desde la lenta caída, hasta el instante del ocaso.
Y sólo quedó esta senda de luz fantasmal, un albor
que ni la sombra más estrecha se atrevió a romper.
¿Qué atrajo a los gansos salvajes? Imposible verlo
desde la tierra. ¿Detrás de qué va el águila pescadora,
planeando sobre un haz de plata en la helada luz solar?
¿Por qué no podíamos escuchar el tierno llamado
de las bandadas de estorninos, elevando aún más alta
la malla, cubriendo nuestra tierra como las vides
de una huerta, o como una madre haciendo temblar
un velo sobre los trémulos párpados de su creatura,
que aletea al intentar dormir?  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .
.  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  .  Era la luz que se vislumbra
al caer la tarde sobre los oros de octubre, desde las faldas
de la colina. Nadie que prestó atención sabía por qué
había cambiado el graznido del cuervo; por qué era otro,
en su regocijo, el chillido del tero del norte; por qué la chova
piquigualda transitaba inquieta el vasto silencio de campos
y ciudades en los dominios de las aves, excepto porque
ocurrió en el trayecto de su paso estacional. Oh, Amor,
hecho sin estaciones. Desde el alto privilegio de su nacimiento,
algo más brillante que la piedad sintieron por los seres sin alas,
esos que comparten agujeros sombríos —ventanas y vanos—,
y con voces inauditas elevaron, aún más, su tejido de sombras,
más allá de lo mutable —traiciones de soles caídos—. Y esta
temporada duró un instante, como la pausa entre el crepúsculo
y la noche, entre la furia y la paz. Aun así, a la luz
de los hechos vistos sobre la tierra, esa paz fue perdurable.

 

Traducción de Jorge Ávalos

Actriz salvadoreña destaca en muestra de teatro 2014

El monólogo Ángel de la guarda, presentado por el salvadoreño Teatro Luis Poma, brilló por la actuación de Naara Salomón.

Segisfredo Infante | La Tribuna
Domingo 2 de noviembre, 2014

Resulta que durante todo el mes de octubre del presente año, el “Teatro Memorias” de Tegucigalpa, que dirige voluntariosamente Tito Ochoa Camacho, cristalizó una rica muestra de obras regionales protagonizadas por actores y actrices de casi todos los países centroamericanos, exceptuando, por ahora, a Panamá y Belice.

Aunque es teatro contemporáneo de mucha actualidad, el mismo se conecta, directa e indirectamente, con los viejos complejos de Edipo y de Electra de la Grecia antigua… En esta parte se destacó la actriz salvadoreña Naara Salomón, con la obra Ángel de la guarda, escrita por Jorge Ávalos, dirigida por Roberto Salomón y producida por el Teatro Luis Poma de El Salvador.

Al final, el teatro alternativo “Memorias” de Tito Ochoa Camacho y de su equipo es un experimento atractivo por su anhelo ideológico pluralista, en el que hipotéticamente caben todas las líneas de pensamiento, incluyendo el absurdo y la posmodernidad. Nuestros mejores deseos porque el teatro hondureño adopte un camino de sobriedad y madurez.

 


Infante, Segisfredo. Actriz salvadoreña destaca en muestra de teatro 2014. La Tribuna, Tegucigalpa, Honduras, domingo 2 de noviembre, 2014. [Fragmento de una columna sobre varias obras].